Educación Canina en Positivo: La revolución de todo un sistema.

Durante muchos años, se han aplicado técnicas de adiestramiento y educación canina basadas en la definición errónea de dominancia, lo que ha provocado que los adiestradores realizasen acciones tan perjudiciales como la del roll-over en el animal (obligar a este a mantenerse patas arriba).

Como muchos de vosotros sabréis, dichas teorías surgen de estudios realizados en grupos de lobos monitorizados por David Mech, que fue el padre de la teoría de la dominancia como se había conocido hasta ahora. Actualmente, David habla sobre sus nuevos estudios, explicando cómo las relaciones entre lobos no son tan rígidas, y se transforman o fluctúan dependiendo de la situación. Esto es:

El «Alfa, el dominante», sería aquel individuo más capacitado para la obtención de recursos y la supervivencia del grupo, y no aquel que alcanza los objetivos mediante la fuerza o la imposición, siendo los líderes dictadores destituidos por el grupo (aumentando de esta forma la supervivencia de la manada).

El «Dominante», por  lo  tanto,  se caracterizará por  su  capacidad  para afrontar  situaciones sociales, evitando  peleas y reduciendo  el estrés del  grupo,  emitiendo  señales de  calma y teniendo gran poder de comunicación no verbal.

Se establece de esta forma una jerarquía (no rígida) con derechos y obligaciones, como en cualquier otra sociedad, actuando los Alfa, macho y hembra, como padres que controlan y tranquilizan a la manada (incluso con sus feromonas). Siendo los machos jóvenes por propia decisión, los que se van del grupo cuando crecen para crear su propia manada. Es por ello que pese a lo que se había creído hasta ahora, el estrés y los comportamientos  agresivos suelen darse en rangos intermedios (por miedo, inseguridad…), pero nunca en aquellos animales dominantes (ya que estos serían los individuos más equilibrados del grupo).

Una vez dicho esto, hablemos de la importancia de una obediencia natural y un trato respetuoso frente a nuestras mascotas. Comenzaremos hablando del
lenguaje no verbal en los perros:

Cada día nos apartamos más de nuestra esencia animal en todos los sentidos, incluso llegamos a perder en gran medida la comprensión de nuestra comunicación más básica, instintiva y primitiva: La comunicación no verbal, que sin darnos cuenta conforma la mayor parte de nuestras “conversaciones” (aproximadamente un 7% de nuestra comunicación corresponde al lenguaje verbal, un 20-30%  al tono de voz y un 70-80% al lenguaje corporal). 

Esa es una de las razones por las cuales actualmente no sabemos leer a nuestras mascotas y en ocasiones interpretamos algunas señales de nuestros perros como falta de atención o desobediencia, no siendo conscientes de que les estamos infundiendo estrés y ellos, simplemente, se comunican con nosotros.

Turid Rugaas, en su artículo “Calming Signals - The Art of Survival” (Señales de Calma – El arte de la supervivencia), explica:

“Los perros viven en un mundo de percepciones sensoriales, la gran mayoría visuales, olfativas y auditivas. Fácilmente perciben detalles minúsculos: una ínfima señal, cualquier pequeño cambio en nuestro comportamiento, la expresión en nuestros ojos… Los animales de manada son tan perceptivos a las señales que un caballo puede ser entrenado para responder a las contracciones  en nuestras pupilas y un perro  para atender a una voz susurrante”.

“Los Perros usan este sistema de comunicación  también con los humanos. Lo hacen simplemente  porque  es  su  lenguaje  y  piensan  que  cualquiera  lo  puede  entender. Fallando en la interpretación  de las señales de calma con  las que  tu  perro intenta comunicarse contigo, e incluso hasta castigándolo por usarlas, corres el riesgo de causarle serios daños. Algunos pueden simplemente dejar de hacer señales, incluso hacia otros perros. Otros, como resultado pueden desesperar y frustrarse al punto de ponerse muy nerviosos, agresivos o sobre-estresados. Los cachorros y perros jóvenes pueden directamente entrar en estado de shock”.

Nos gustaría que prestaseis atención especialmente a esta frase:

“Fallando en la interpretación de las señales de calma con las que tu perro intenta comunicarse contigo, e incluso hasta castigándolo por usarlas, corres el riesgo de causarle serios daños”

Lo que quiere decir que no solo debemos conocer estas señales, sino que también debemos utilizarlas para comenzar a desarrollar una comunicación no verbal entre ambos. Dichas señales, son ignoradas en cualquier tipo de metodología y entrenamiento clásico, siendo este uno de los motivos que dota al programa de Educación Canina Rebican de una gran distinción frente al resto.

Este punto es de suma importancia, ya que es la base de lo que se denomina la escalera de  las emociones, formada por varios grados de comunicación que veremos a continuación: 

1. Señales de Calma y Estrés
2. Señales de Amenaza o advertencia
3. Inmovilidad o Huida
4. Comportamiento agresivo

Esto quiere decir que antes de nada, el animal intentará comunicarse contigo mediante señales de calma (nivel 1), y que si estas son ignoradas, el animal comenzará a utilizar señales más fuertes, denominadas señales de advertencia (nivel 2), intentando evitar así que el estímulo que lo incomoda se acerque a él; posteriormente,  el animal se inmovilizará o  huirá (nivel 3), evitando  de  esta forma  el conflicto.

Por último, en caso de un acercamiento con el animal en posición de inmovilidad o en caso de no poder huir, el perro podría pasar a realizar un comportamiento agresivo (nivel 4). Lo hemos dejado sin otra señal o forma de comunicación. Es por este motivo, que a nosotros no nos gusta hablar de perros agresivos, sino de perros que realizan un comportamiento agresivo basado en el estrés, el miedo y la falta de comunicación.

Este tipo de entrenamientos, basados en la comunicación, el vínculo, el respeto, nos facilitan un tipo de educación y adiestramiento natural que hace que el animal mantenga su naturalidad y se encuentre en equilibrio psicológico, ya que mantendrá la capacidad de decisión, la alegría, fomentará la autonomía y aumentará la autoestima y seguridad del animal, necesarias en todos los ámbitos de su vida.

Habremos conseguido crear en la mente del animal un concepto de individuo independiente que trabaja en equipo, le habremos demostrado que los estímulos que le rodean son confiables y sorteables, y que en caso de duda o aumento de estrés, podrá gestionar la situación de la forma adecuada, así como pedirnos confirmación o ayuda si en algún momento se encontrase sobresaltado.

Aunque tanto la educación canina clásica como la educación canina en positivo tienen sus bases en el condicionamiento clásico y operante, ambas se diferencian en el estado psicológico y las reacciones que se provocan en el animal, esto es:

“En las dos metodologías, el animal aprende por asociación, entrando en juego el condicionamiento clásico” 

El condicionamiento clásico puede definirse como aquello que no podemos evitar y que sucede de forma interna en nuestro organismo. Es decir, el animal aprende y se condiciona de una forma positiva o negativa a un estímulo. Podrá por lo tanto, asociar un estímulo con una recompensa y que posteriormente, dicho estímulo le provoque una sensación positiva (metodología  en  positivo)  o  con  un  castigo,  que  le  provoque  una  sensación  negativa (metodología clásica).

Cuando hablamos de la base en condicionamiento operante, y recordando que, en este caso, el animal tiene poder de decisión (opera activamente en el medio, emitiendo, o no, una conducta para obtener lo deseado o evitar lo indeseado), si hablamos de una metodología en positivo, el claro ejemplo es el del perro que ofrece la conducta de sentado para obtener un refuerzo, mientras  que  si  hablamos  de  una  metodología  clásica,  tendremos  al  perro  que  ofrece  la conducta de sentado para evitar el ahogo por un collar o el chispazo de un collar eléctrico.

Dejando aparte el debate ético que podría realizarse en este punto, hay varios motivos que nos hacen desechar la metodología clásica:

- El uso de castigos físicos hacia el animal puede provocar problemas de salud en el perro

- Los animales se acostumbran al castigo, debiendo aplicar con el paso del tiempo, y dependiendo del animal, un castigo de mayor intensidad

- Para modificar una conducta mediante el castigo, deberíamos de ser muy precisos a la hora de  ejecutarlo, lo que es prácticamente imposible, esto es… ¿lo estás castigando por la conducta que emite o sensibilizándolo al estímulo que le provoca dicha conducta? ¿Cómo sabes cuál es el momento justo para el animal?

- Estos castigos se utilizan para eliminar aquello que no nos gusta del perro, por ejemplo, si ladra, aplicamos un tirón de correa para que no se produzca el ladrido, así cada vez que tenga necesidad de realizar esa conducta, se lo pensará dos  veces antes de hacerlo, evitando de esa forma el castigo. Esto provocará dos problemas, estamos eliminando la comunicación y además, el animal buscará una conducta alternativa para liberar/gestionar esas situaciones (en ocasiones no identificada por el propietario y en otras llegando a morder aquello que tenga más próximo).

- No analizan cuál es la raíz del problema de conducta. Basándonos en la Versión Truncada de la Ley del Efecto (Thorndike): toda  conducta  reforzada tenderá a repetirse, y toda conducta castigada tenderá a eliminarse y/o derivarse hacia otra. Es decir, si te pego un tortazo porque te muerdes las uñas dejarás de hacerlo, pero comenzarás a realizar otra acción, por ejemplo, mover la pierna. Esto es debido a que no se ha analizado previamente la conducta ¿qué es lo que hace que te muerdas las uñas? para encontrar una solución, debemos conocer la base del problema.

- Cortan la comunicación. Recordemos la escalera de emociones, si le prohibimos al animal comunicarse (ladrar, por ejemplo), lo más fácil a largo plazo es que deje de utilizar señales de advertencia para pasar directamente al ataque.

- Habremos roto el vínculo positivo. Si en nuestra relación existen castigos físicos ¿no estará esta basada en el miedo?

Para finalizar, cabe remarcar que muchos de los profesionales que utilizan metodologías clásicas, combinan técnicas que denominan “positivas”  con este tipo de técnicas obsoletas, como por ejemplo, dejar al animal días sin comer para que los refuerzos (según ellos), sean más efectivos.

“Analicemos esta situación, si llevas una semana sin comer quizás hagas lo que te pidan para obtener el alimento, pero ¿qué pasará con los niveles de estrés? ¿Podrían producirse ataques en ciertos individuos? ¿Estaremos “potenciando”  animales equilibrados?”

Otra técnica es la de mezclar metodologías erróneamente; si el adiestramiento clásico desde nuestro punto de vista es equivocado, este tipo de técnicas lo son mucho más. Veamos como crean por ejemplo, los falsos positivistas, el ejercicio de la llamada:

“Te llamo, te aplico un tirón de correa para que me hagas caso (castigo) y posteriormente te doy un premio cuando acudes ¿Esto nos recuerda a algo? ¿Quizás a un maltrato físico precedido de una rosa y unas buenas disculpas? ¿Qué desequilibrio puede provocarse en la mente de dicho animal?”

En Rebican llevamos seis años analizando todos y cada uno de los puntos a tener en cuenta para que nuestra metodología sea efectiva y 100% en positivo, estamos en el "momento preciso" para "cambiar el momento", hagámoslo, únete al movimiento naranja.


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